-Chh, #nombredefraile...
-¿Qué?
-¿Vos crees en los ángeles?
-Sí, creo. -cuenta a nuestros compañeros con el dedo índice- Creo que estos son ángeles.
-¡!
*La identidad de los interlocutores de esta conversación ha sido protegida para resguardar eventuales excomuniones.
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1.10.14
13.3.13
En el Atril
El Atril es el paraíso de cualquier lector. Justo enfrente la estación de Morón, es enorme y todos los que trabajan ahí están un poco chapitas. -Otra razón por la cual creo que en el algún momento voy a dejar mi curriculum, creo que encajo con el perfil-
Fui a cambiar un par de libros y estaba revolviendo las estanterías localizando libros usados -siguiendo el consejo de uno de los chicos que trabajan ahí- cuando otro con el típico delantal rojo-naranjoso pasó distraído por al lado mío diciendo en vos baja "Control mental, control mental"
-¡¿Control mental?!¡¿Qué onda?!
-No sé, esta librería es más flashera...-me contestó mientras se agachaba a buscar un libro en un pedacito del último estante de una repisa, donde se leía en un cartelito negro y dorado: "Control Mental".
Fui a cambiar un par de libros y estaba revolviendo las estanterías localizando libros usados -siguiendo el consejo de uno de los chicos que trabajan ahí- cuando otro con el típico delantal rojo-naranjoso pasó distraído por al lado mío diciendo en vos baja "Control mental, control mental"
-¡¿Control mental?!¡¿Qué onda?!
-No sé, esta librería es más flashera...-me contestó mientras se agachaba a buscar un libro en un pedacito del último estante de una repisa, donde se leía en un cartelito negro y dorado: "Control Mental".
22.2.13
El mejor colectivero del mundo
Después del acto por las víctimas de Once quedamos en algún lugar de capital a la deriva con Juanchi y La Trexis. Al preguntar por algún colectivo hasta la estación nos señalaron el 7 que justo estaba en esa esquina. No teníamos idea donde era la parada, pero puse mi mejor cara de súplica mientras nos arrimábamos corriendo a la puerta. El colectivero parecía cansado y distraído, muy serio... y sin embargo nos abrió. Después de agradecerle nos ubicamos como pudimos en el pasillo bastante ocupado.
Las calles estaban llenas de manifestantes que emprendían la retirada, viejitas hablando por celular distraídas por donde se suponía que tenía que pasar nuestro colectivo. El chofer, sin putear, las esquivó paciente.
Llegamos a una parada bastante concurrida. No sé si había en la cola tanta gente como en Liniers en hora pico, pero el número por ahí andaba. El colectivero pidió lugar, por favor. La gente también subió por el medio y por atrás. Pidió entonces lugar para cerrar las puertas, con cuidado de no aplastar a un viejito.
Seguimos viaje. Otra parada. A pesar de estar completamente atiborrado, el bondi para.
-¡¿Pero dónde los querés meter, muchacho?!
-Este hombre es demasiado bueno.
Próxima parada, el colectivero pregunta:
-¿Quien era la señora que se bajaba antes de Once?
La aludida se baja agradecida. La gente comenta:
-Wau, ¡Este hombre es increíble!
-Siempre te dicen "Yo te aviso", te mandan al fondo y después se hacen los boludos. Increíble.
Llegamos a destino, La Trexis pregunta para corroborar, y sí, lo es.
-¡Gracias capo!-dice bajando.
-¡Gracias por todo genio!-dice Juanchi.
-¡Sos el mejor colectivero del mundooooo!-le digo saltando a tierra.
Se escuchan risas desde adentro, mientras vuelve a arrancar.
Esta es la razón por la cual el último asiento es el mejor.
3.11.12
Mi Buenos Aires querido.
Ruido, olor a metal, suciedad, falta de verde, falta de plantas, sobra de gente y autos, tráfico, calor, miradas perdidas. Incluso me molesta la cantidad de agua que cae cuando llueve, aunque quizás la lluvia en capital solamente me parece peor por mi sentimiento negativo a todo ese ambiente.
Me parece que es una jungla de cemento.
De verdad creo que estoy orgullosa de movilizarme hora y media (con suerte y si el tren anda normalmente mal y no anormalmente peor) para estudiar si eso implica vivir en el Lejano Oeste, donde puedo escuchar pájaros en mi ventana (a veces palomas que se meten furtivamente en mi entretecho), y todas las casas tienen por lo menos una planta portadora de verde a la vista. Donde escucho de vez en cuando a mi mamá regar, y la gente anda en bicicleta sin prestarle mucha atención a los autos. Donde si llueve me embarro hasta las rodillas porque por alguna extraña razón siempre hay barro por todos lados. Donde quedan unos pedazos de tierra al descubierto, y la sensación de que seguro que te vas a encontrar con alguien conocido en la calle.
Sin embargo, el otro día Buenos Aires me cayó simpática, por primera vez. Porque, sí es genial caminar por donde se construyó de a poquito nuestra historia, y pasar por enfrente de la tumba de Belgrano, etc. Pero volviendo en el 64 para Once, en mi celular empezó a sonar "El día que me quieras", y de repente el movimiento del bondi y las luces de los autos acompañaban la música recontra porteña. Cómo si esa canción hubiera sido creada para ser escuchada en ese momento -Invito cordialmente al lector a escuchar esa canción de noche en algún colectivo de Buenos Aires-. Wau, en realidad la ciudad es re linda.
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